EL PUEBLO QUE SE QUEDÓ SIN LETRAS
En un pequeño pueblo sus habitantes vivían felices y sin problemas. Estaban orgullosos de la escuela, la biblioteca, el parque…
Un día llegó al pueblo un ratoncito glotón. Se pasaba el día comiendo en el granero del señor Juan, cuando se hartó de comer en el granero, marchó a la panadería, de Clara, se comió la harina de hacer el pan, de ahí pasó a la tienda de Norberto y mordisqueó las botellas de aceite ocasionando perdidas al tendero.
Los habitantes del pueblo estaban muy enfadados y molestos pues desconocían quien se comía la comida.
El ratoncito de tanto comer se puso gordo y parecía un globo. Estuvo un tiempo sin molestar a los vecinos del pueblo.

Cuando sintió hambre de nuevo el ratón volvió al pueblo y comenzó a devorar todo lo que encontraba.
Esta vez eligió el colegio y la biblioteca del pueblo.
Los niños tenían la costumbre de hacer los deberes en el cole, y por lo tanto, las libretas y los libros los guardaban en las clases.
Una noche el ratón estuvo haciendo de las suyas.
Cuando los niños llegaron al cole descubrieron las trastadas que había hecho el ratón.
Todos estaban muy preocupados, pues las libretas y los libros habían desaparecido.
Los niños preguntaban: seño y ahora que hacemos?. No os preocupéis decía la seño, tratando de tranquilizarlos, haremos juegos, cantaremos canciones y trabajaremos con plastilina.
Los niños seguían preocupados, entonces la seño dijo: escuchadme: id a la biblioteca y decid a Belen que necesitáis libros de naturaleza para la clase de mañana.
Cuando llegaron a la biblioteca la sorpresa fue enorme: ¡muchos libros habían sido devorados, y a otros… ¡les faltaban hojas y no se podía trabajar con ellos!

Después fueron a la librería del pueblo y pidieron un diccionario y varios libros de plástica. Una niña abrió el diccionario y otro niño cogió uno de los libros de plástica y comenzaron los dos a gritar. ¿Qué pasa?, preguntaron asustados otros niños. Pues que el libro no tiene letras ¿cómo?, ¡no es posible¡, afirmó la librera. No hay libros sin letras. Pues estos no las tienen, respondieron los dos niños.
No lo entiendo dijo la librera, nunca me había pasado una cosa igual.
Llegó el alcalde a la librería muy enfadado y preguntó: ¿alguien sabe que pasa con las letras?
En el ayuntamiento han desaparecido las letras de los libros, los registros de nacimientos, bodas…, incluso las calles han perdido sus nombres, parece cosa de magia, válgame dijo la librera.
¿Y que va a pasar ahora sin letras, no podemos ir al cole, ni escribir cartas, ni indicar a nadie el nombre de una calle?

Por la noche el pueblo se reunió para hablar del problema de las letras. El boticario afirmo que el causante era un ratón glotón o un grupo de ratones glotones. Vi huellas y analicé unos orines y son de ratón.
Entonces Tomás, un anciano del lugar dijo: Esta mañana cuando cantaba el gallo vi a una letra correr, era la S, después vi a la W, luego a la R; tras esta corrían la T y las demás letras del alfabeto. Las oí hablar, iban muy enfadadas y decían:” no queremos estar en un pueblo donde no nos cuidan decía la letra B,” eso, eso huyamos añadió la letra J, mientras las demás aplaudían. No volveremos hasta que estemos bien seguras. Nosotras somos muy importantes y nos tienen que respetar.
Consultado el veterinario propuso buscar a Hipólito. Era un gran gato que vivía feliz y contento, tomando el sol en la puerta de su casa. Antonia la dueña de Hipólito habló con el gato:
Necesitamos tu ayuda Hipólito: las letras del alfabeto se han escapado del pueblo y no volverán hasta que se vaya el ratón glotón. Y no sabemos si va solo o acompañado de otros ratones glotones.
No te preocupes ama, eso está hecho. Mañana mismo los echo del pueblo y se terminan los problemas.
Todos los habitantes del pueblo esperaban expectantes la actuación de Hipólito. Estuvo el gato todo el día buscando por todos los rincones del pueblo el rastro del ratón o los ratones.
Finalmente dedujo que solo había un ratón, muy pero que muy glotón.
¡Aja¡ exclamó el gato pronto te cazaré y me divertiré un ratico contigo.
No hizo falta que lo cazara, el ratón al ver que era un gato muy grande, se llevó tal susto que se cayo de culo.

Con mucho trabajo se levantó del suelo y salió del pueblo todo lo rápido que sus paticas le permitían, mientras el gato de Antonía, reía y reía.
El gato les comunicó a las letras que ya podían volver tranquilas al pueblo, sin temer nada.
Poco a poco las calles volvieron a tener sus nombres, y el ayuntamiento recuperó los nombres en los registros de bodas y nacimientos.
Los libros y libretas del cole que se había comido el ratón, fueron sustituidos por otros nuevos, que compraron en la librería de Luísa. La biblioteca recuperó los libros que se había comido el ratón glotón, pues los vecinos hicieron donaciones de libros y el alcalde compró los que se habían perdido y mucho más.
El pueblo fue conocido como “El pueblo que se quedó sin letras.”
Durante mucho tiempo los habitantes contaron está historia del pueblo a todo el que los quisiera escuchar.







