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El Flautista de Hamelín

Esta es la historia del flautista más mágico jamás conocido.

Johan Salz, vecino del pueblo de Hamelín, lloraba un día a la puerta de su casa.

¿Qué te pasa?, le dijo un vecino.

– Algo muy triste: Todas las coles que iba a vender en el mercado se las han comido esas desgraciadas ratas, contestó casi llorando.

-Pues al marido de mi prima Ana, se le han comido la camisa, y el vestido de la niña.

¡Hay que exigir al alcalde que haga algo; así no podemos vivir!, dijeron los dos.

Ojalá encuentre algún remedio que nos libre pronto de las ratas –dijo Johan.

Al día siguiente había un bando pegado en las esquinas de la plaza y en la puerta de la iglesia.

El bando del alcalde decía que había contratado a un famoso flautista: el que con su flauta mágica eliminó las ratas del teatro del pueblo vecino usando algún encantamiento.

-¿Sabes, Johan?  El jueves vendrá el flautista –dijo a Johan su vecino. -¿Qué flautista?  

–¿Es que no lo sabes? : Toca una música que hace desaparecer las ratas.

Llegó el jueves, y esa mañana apareció el flautista. Nadie sabía de dónde había salido, ni cómo.

Empezó a tocar su flauta. Las mujeres y los niños se metieron asustados en las casas, porque aparecían ratas de todas partes tras el flautista. Él iba tocando camino del bosque y todas las ratas detrás, siguiéndole, se perdieron en la espesura.

Por la tarde, hacia las cuatro, se presentó el flautista al alcalde a cobrar el dinero  que le había prometido.

El alcalde le dijo que  sólo le pagaba la mitad, porque el ayuntamiento se había quedado casi sin dinero por las inundaciones del río Weser. El flautista insistía, y  el alcalde se negaba a darle toda su paga. Al final dijo el flautista:

¡Está bien, Usted lo ha querido!: Ya verá como me paga usted todo lo prometido y veinte florines más. Y entonces sí podrá librarse de las ratas. Y se marchó muy enfadado dando un portazo.

Al jueves siguiente, volvió a aparecer, como por arte de magia, el flautista y se puso a tocar. Enseguida fueron acudiendo las ratas que se habían perdido en el bosque.

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Él empezó a pasear por las calles del pueblo con todas las ratas detrás y al llegar cada una al lugar de donde había salido, se iba metiendo cada cual a su casita de antes.

Enfadados los aldeanos, cogieron azadas y palos para darle un escarmiento al flautista, y cuando se acercaron a él,  la flauta seguía sonando pero nadie lo podía ver; luego se fue perdiendo la música hasta dejar de oírse.

El pueblo siguió teniendo ratas hasta que el alcalde puso un bando como el primero, pero prometiendo veinte florines más, como quería el flautista.

Al jueves siguiente, volvió a aparecer el flautista con botas altas como las de los pescadores de río. Y el alcalde le mandó un alguacil con una bolsa conteniendo todo el dinero prometido.

El flautista tomó la bolsa con su paga y volvió a tocar su mágica melodía. Se dirigió al río, seguido por las ratas, y allí se ahogaron todas, quedando los vecinos libres de ellas.

Y el pueblo de Hamelín ya no tuvo nunca  más ninguna plaga de ratones ni de ratas.

 FIN           (Versión abreviada de Mª Teresa Carretero)

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