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Gato Sibi y Sabueso

El gato Sibi vivía en una granja con muchos otros animales. Era pequeño y le gustaba observar todo lo que se movía: una bobina de hilo, una pluma de pato, una madeja de lana… Era capaz de pasar largo rato corriendo tras las mariposas o persiguiendo algún pajarillo.

No seas malo, le decía su dueña al verlo perseguir una abeja. Sibi pensaba: pero yo solo quiero jugar y divertirme, no hacerle daño: a veces me aburro, y yo necesito jugar para aprender. Por la mañana, después de tomar su leche caliente acompañaba a su dueña a la cuadra. Allí intentaba jugar con los polluelos, pero ellos permanecían quietos.

-Qué raros son esos polluelos, que no quieren jugar, pensaba.

Un día fue a subirse a una cesta de huevos, y esta resbaló cayéndole los huevos encima. Sibi quedó todo cubierto de huevo. Rápidamente corrió a un rincón y empezó a lamerse para limpiarse.

Sibi era muy presumido y no resistía ir sucio; pero el huevo se secó dejándole el pelo tieso como si fuera un puercoespín. Qué haré ahora –se dijo. Estoy horrible y huelo mal. Así no quiero que me vea nadie. Entonces fue a esconderse entre unas flores del jardín. Un pajarillo lo vio y le dijo: ¿pero tú quién eres?

-Soy yo, Sibi, el gatito juguetón . -¡Sibi, no te reconozco; pero qué requetefeo estás! -Ya lo sé, estoy lleno de huevo. Soy, soy una tortilla andante –y comenzó a llorar.

No llores, le dijo el pajarillo. –Es que no me gusta que me vean sucio y con estos pelos horribles. ¿Me puedes ayudar? –No sé cómo hacerlo, Soy muy pequeño y el agua que coja con mi pico no te servirá para nada.

-Es verdad. Gracias por interesarte por mí. -Adiós, Sibi. –Una lágrima del gato cayó al suelo y mojó a un topo que salía de su madriguera.

-¡Anda! comienza a llover! Y yo con mis tareas sin hacer! Y rápidamente empezó a limpiar la entrada a su madriguera. Prestó atención y oyó cómo Sibi maullaba tristemente. -Un gato, se dijo. –¡Sálvese quien pueda. El gato va por mí! Y se escondió tras unas hojas. Como Sibi no se movía, se acercó. Este, al ver al gato con los pelos tiesos comenzó a reír y reír.

¡Pero gatuno!, ¿quién te ha puesto esos pelos así ? ja, ja. -No te rías. ¿Puedes ayudarme a limpiarme? -Con mucho gusto. Te echaré tierra y más tierra y así no se verán tiesos tus pelos. 

-¡Pero Topo, así me ensuciarás más y me cubrirás de tierra! -Bueno, pero esa es la única forma que tengo de limpiar. -Gracias, Topo, por intentarlo.

Se acercó a la cuadra, donde encontró a un cordero, que al verlo se asustó y empezó a balar y balar. –Calla, y no bales tanto, que vendrán todos y no quiero que me vean. Perdona. Es que nunca había visto un gato tan raro –y comenzó a reírse. Pero dime qué te ha pasado. -Pues verás… he trepado a una cesta llena de huevos y se me han caído encima. -¿Y qué quieres que haga? –Que me ayudes a limpiarme, corderito.

-Yo lo único que puedo hacer es dejar que te limpies en mi lana, pero no creo que eso te sirva mucho, porque estás ya seco. -Bueno, cordero, déjalo. Gracias por tu ayuda. Sibi estaba cada vez más triste y preocupado. Ya era la hora de comer, pero a él se le había quitado el hambre.

¡Qué raro! , dijo su ama: siempre viene puntual a comer; bueno, estará jugando por el jardín. El pelo de Sibi estaba cada vez más seco y pinchoso; así nadie podía ayudarle. Se marchó a un rincón del patio a seguir llorando. Nunca más haré travesuras ni jugaré en la cocina ni en el salón, ni … Y lloraba y lloraba.

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Pasó por allí Sabueso, un perro de la granja poco amigo de los demás animales. Se acercó, pero Sibi no se pudo erizar porque estaba ya bien erizado. Sabueso dijo: ¡Pero Sibi, ¿Quién te ha puesto así?

-Nadie, dijo Sibi. –Pues así no se pone el pelo solo, dijo Sabueso; pareces un gato-peine. -Ya lo sé; trepé a un cesta de huevos y…

-No me digas más:  se te cayeron encima y te preocupa que te vean así, ¿no? -Pues sí; he pedido ayuda a otros animales pero nadie ha podido ayudarme. -No te preocupes, gatirrín: eso lo arreglo yo.-¿Y cómo? –Pues dándote un buen baño. -Y ¿dónde? –He visto un barreño lleno de agua cerca de la cuadra.

-¡ Pe..pero si los gatos no nos lavamos! –Ya lo sé, pero o te lavas o te quedas así de horrible.   

-¿Me ayudarás a bañarme? –Con mucho gusto. Nunca he bañado a un gato-peine ja ja ja. Oye, Sibi: pero en el baño tendrás que obedecerme. -O K, te lo prometo.

Y así fue como Sibi quedó limpísimo. Siempre le agradeció a Sabueso su gran ayuda. Desde entonces fueron los mejores amigos que hubo en la granja. Y Sibi aprendió lo importante que es ayudar a los demás cuando lo necesitan.

© Mª Teresa Carretero García

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