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Las Bromas de Rana Juana

Juana era una rana muy traviesa. Su mayor diversión era gastar bromas, pero a veces eran bromas pesadas que no hacían reír a nadie.

Una mañana se levantó y dijo: hoy le gastaré una broma al árbol anciano; y eso hizo. Salió de su charca, se acercó al árbol y le dijo: Oye, árbol, ¿no hueles a quemado? –Yo no, dijo el árbol. Pues a mí me ha avisado un pajarillo que tu copa estaba ardiendo… y sí que está ardiendo.

El árbol comenzó a gritar: Socorro, socorro, fuego. A mí, ayuda, a mí.

Enseguida los animalillos del bosque se acercaron con cubos de agua y arena intentando apagar el fuego. Entonces se dieron cuenta de que no había ningún fuego y vieron a la rana Juana reír a carcajadas.

“Ja, ja, já” rió Juana; ¡era una broma! ¿No os divierte? ¡Si hubierais visto la cara del árbol cuando le he dicho que estaba ardiendo! Ja, ja, ja, era divertidísimo.

La semana siguiente estaba la rana Juana junto a su charca mirando cómo saltaban sus compañeras. ¿No juegas con nosotras, Juana?

No, eso es muy aburrido; a mi me gusta gastar bromas –Pues a nosotras no nos gastes ni una de tus bromas, son todas muy pesadas. Juana se alejó de la charca y luego pensó: Ya lo tengo: acabo de inventarme una broma muy, pero que muy graciosa.

Estaban los animalitos del bosque  descansando junto al árbol más frondoso, contando historias, riendo y pasándolo muy bien.

Juana se les acercó poniendo cara de mucho miedo y les dijo casi llorando: me he encontrado con un pajarillo que me ha dicho que al fondo del bosque han llegado unas hormigas gigantes y se están comiendo las hojas de los árboles y hasta las cortezas. Lo arrasan todo y por donde pasan no queda nada del bosque. Los animalillos se pusieron muy nerviosos y los árboles comenzaron a menearse  y a crujir; era su señal de miedo.

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Un conejito dijo: Hay que pensar qué hacemos y rápido, antes de que lleguen hasta nosotros; y comenzó a caminar de un lado a otros para concentrarse. De pronto pensó: esto es una broma de Rana Juana, estoy seguro.

Llamó a Juana y le dijo: Juana, esto es otra broma tuya, verdad?

Y Juana comenzó a reir y reir diciendo: ha sido muy divertido, verdad?

Los animales se enfurecieron tanto que la apartaron del grupo y no quisieron saber nada de ella.

Juana, ahora sola, se dio cuenta de que lo aburrido de verdad era estar sola y no tener amigos.

Una mañana los reunió, les pidió perdón y nunca más les gastó bromas tan pesadas.

Juana volvió a tener otra vez muchos amigos y fue muy feliz. 

Pero Juana ya había aprendido…

que las bromas nunca han de servir para molestar o hacer daño a los demás.

FIN

©M. T. Carretero

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