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Valiente, la Corderilla

Como cada día, la corderilla Valiente salía al prado a comer hierba fresca.

Valiente sabía que tenía que vigilar y tener cuidado.

 No debes alejarte del grupo, le había aconsejado su mamá: hay un lobo que se lleva corderillas jóvenes como tú para comérselas.

Mamá, preguntaba la corderilla valiente: ¿y por qué hace eso?

No lo sé, respondió la mamá de Valiente.

Pero ese lobo ¿se alimenta solo de corderillas? Pues yo no le dejaré que me coma. No, no lo dejaré.

Esa noche la corderilla soñó que se la comía el lobo y en el sueño lloraba y lloraba llamando a su mamá.

Desde aquel momento, Valiente siempre estaba vigilante. Nunca descuidaba la guardia  y no se alejaba de las corderas y borreguitos mayores.

Un día oyó Valiente unos gritos muy tristes cerca de donde pastaba. Dejó de comer y se puso a escuchar atentamente. Los gritos venían de entre unos árboles cercanos.

Miró alrededor y dijo: ¿Quién llama?  Pensó: alguien necesita mi ayuda, puede que esté alguien en peligro. Y como ella era la corderilla Valiente, con cuidado se dirigió al sitio de donde venían los gritos de auxilio. Ahora los oía muy claramente: ¡Socorro, auxilio, ayuda por favor..!

Cuando llegó quedó paralizada: ¡era el lobo que se comía las corderillas jóvenes!

Ah, eres tú, dijo ella ¿Qué haces ahí?. El lobo, con voz lastimera le dijo: Soy un lobito bueno, que he pisado una trampa que han puesto al lobo que se come las ovejitas.

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¡Ah, ya! Respondió Valiente la corderilla muy enfadada. ¡Estás mintiendo, lobo malo!, añadió. El único lobo que hay por estos prados eres tú, tú, comedor de corderillas! ¡Así que no te soltaré!

El lobo, llorando, le dijo: pero estoy atrapado y no me puedo soltar. El cepo me ha hecho daño en una patita y si no me ayudas, me moriré aquí.

La corderilla Valiente le dijo aún más enfadada: Eso lo dices para darme lástima y que te suelte, pero seguro que cuando estés libre intentarás comerme. No me engañes, eres malo y no quieres a nadie, eres un egoísta y solo piensas en ti.

El lobo guardó silencio y al poco dijo: Y por qué no pensamos en algo que nos sirva a los dos?

Buena idea, dijo ella; me sentaré aquí al lado a pensar. Pero no tardes, que la patita me duele mucho, dijo el lobo.

Mira, lobo, dijo Valiente: yo te soltaré pero primero prométeme que no comerás ni a mí ni a ningún cordero ni cordera del prado, o no te suelto.

El lobo contestó: pero es que me pides un sacrificio muy grande, grandísimo y no sé si lo podré cumplir, porque yo siempre he comido corderillas, que están buenísimas (y dijo esto relamiéndose).

La corderilla Valiente le dijo: no digas tonterías: O me prometes que nunca más comerás corderas ni corderos o no te suelto.

Pero es que es tan fuerte y tan difícil lo que me pides, que no sé si lo podré cumplir. Pues piénsalo bien: O me prometes que nos dejarás en paz o te dejo en el cepo.

La corderilla, mientras tanto se iba alejando del lobo.

No, no te vayas, vuelve, gritaba el lobo: no me dejes así.

El lobo comenzó a llorar y la corderilla volvió, pues le dio lástima.

Venga, ¿te decides o no? Porque mi mamá me está esperando, dijo Valiente.

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Bueno, dijo el lobo entre sollozos: libérame y me volveré vegetariano para siempre jamás.

¿Lo prometes? Lo prometo, palabra de lobo bueno.

La corderilla liberó al lobo de la trampa, lo llevó a un riachuelo y le puso en la patita una cataplasma de hierba; dijo: estate dos días sin moverte y al tercer día tendrás la patita bien. Y se marchó.

Tiempo después una corderilla en el prado gritó: ¡Que viene un lobo! ¡Que viene un lobo!

Todas, asustadas, formaron un círculo cerrado para defenderse.

Cuando la corderilla Valiente vio al lobo, dijo: no os asustéis, es mi amigo lobo y solo come hierba: es vegetariano.

¿Y eso cómo es? Dijeron sus amigas corderas. ¡Es una larga historia!, respondió Valiente mientras se acercaba al lobo para saludarlo.

FIN   

©Mª Teresa Carretero García

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